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Se manifiesta en la alteración en el desarrollo del lenguaje en un contexto de normalidad en los demás parámetros evolutivos. No se escapa lo sutil y difícil que puede resultar fijar un límite entre un RSL y un TEL. El criterio de severidad parece el más razonable, aunque no deja de ser arbitrario. En los TEL se constata que el lenguaje, además de ser adquirido tardíamente, no es correcto en cuanto a su fonética, a su estructura o a su contenido. Además – aunque sea difícil de poner en evidencia mediante los tests estandarizados – siempre existe un déficit de comprensión.

El motivo de consulta en un trastorno de espectro autista (TEA) suele ser un retraso en el lenguaje. Para diagnosticar el TEA se debe valorar la capacidad de relación del niño con sus iguales, el uso del lenguaje gestual y la capacidad de desarrollar un juego simbólico. No siempre es fácil o posible establecer los límites entre TEL y TEA, puesto que los autistas presentan los mismos trastornos del lenguaje que los niños no autistas.

La discapacidad intelectual (retraso mentaltambién se expresa casi siempre con un retraso en la adquisición del lenguaje, al que se añaden otros déficit cognitivos. Los tests de desarrollo infantil tales como el Bayley, permiten establecer el diagnóstico. La hipoacusia debe excluirse, siempre que no exista la certeza de que la capacidad auditiva es correcta. Las hipoacusias pueden ser transitorias o permanentes. En el primer caso, que suele corresponder a otitis serosas, una vez resuelto el problema auditivo, el lenguaje se normaliza al poco tiempo. En base a las revisiones efectuadas sobre esta cuestión no es razonable atribuir, en niños normales, problemas lingüísticos o de aprendizaje derivados de problemas otológicos previos.

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